Trabajadores sanitarios: efectos psicológicos ante la situación de crisis por el coronavirus


Los profesionales de la salud, policías y fuerzas del orden, bomberos, servicios sociales y de salud mental, y otros cuidadores son víctimas de la crisis sanitaria por el coronavirus; debido a que están expuestos a situaciones potencialmente traumatizantes. Es por ello que en el medio y largo plazo pueden desarrollar el síndrome de burn out y el de estrés post traumático, a raíz de esta situación; que será importante prevenir para mitigar el impacto sobre su salud psicológica.

Burn out y trauma en profesionales sanitarios

En España, la prevalencia del burn out según un estudio de Grau, Flichtentrei, Suñer, Prats y Braga  (2009) era hacia 10 años de casi el 15%, especialmente en medicina, y seguido posteriormente de enfermería; siendo mayor en personal que trabaja en urgencias (17%) seguido de internistas (15%).

El burn out, también conocido como “estar quemado” en el contexto laboral; implica experimentar un cansancio emocional y desgaste en el trabajo; que conduce a sentirse ineficaz respecto a la profesión y desconectarse del trato humano, lo que puede generar sentimientos de culpa.

La crisis sanitaria actual por el Covid -19 podría fomentar este síndrome ya que los sanitarios están lidiando con mayor frecuencia e intensidad, con situaciones que implican una alta activación emocional y que pueden desgastarlos; y con la contra partida de que los recursos no son suficientes para frenar la curva de contagios o defunciones por el Covid-19.

Es decir, van a trabajar un día tras otro viendo como el número de muertes continúa aumentando, como si no se pudiese controlar el fenómeno y sus esfuerzos fueran insuficientes. Esto genera mucha impotencia, como si sus actos fueran ineficaces, desmotivación e incluso miedo a acudir al trabajo.

Además las situaciones que están viviendo como comunicar malas noticias, comunicar a los familiares la pérdida de un ser querido, presenciar fallecimientos de manera más frecuente y en condiciones más traumáticas, como en las que los familiares no se pueden despedir;  son situaciones especialmente intensas y difíciles, que pueden superar su capacidad para tolerarlas, llegando su límite. Algunos, para poder afrontarlo se enfriaran, como entrando en un automatismo, viendo a los pacientes como números, para protegerse de esa carga emocional. Otros pueden verse desbordados, no queriendo acudir al trabajo o estando ansiosos, irritables, tristes, o colapsados.

El burn out hace que no quede vitalidad para continuar con la labor profesional, porque emplean toda su energía sin poder conservar la necesaria para ellos mismos y sin tener un espacio de reparación o descanso suficiente por la gran demanda de casos infectados de coronavirus. Así, algunos pueden tener dificultad para sentir emociones, y suelen estar deprimidos o desesperanzados; debido al efecto prolongado de estar expuesto al sufrimiento humano.

Cómo saber si padezco burn out por la crisis del coronavirus

Cómo se genera el burn out

Cuando hay un contacto continuado con situaciones de sufrimiento como las que se ha descrito por la crisis del covid-19, esto genera desgaste emocional. Para afrontarlo, las personas podemos desconectarnos emocionalmente, evitando lo que sentimos: tratan de evitar pensar en cosas negativas, desconectarse del dolor, de la sensación de que esto queda grande, de que no tienen control, de que es duro que los familiares no pueden ver o despedirse de sus difuntos. En general, evitar esos sentimientos de ira, tristeza, frustración, ansiedad, o miedo puede permitir afrontar la situación, pero produce más sufrimiento a largo plazo porque estos asuntos se encapsulan.

Además puede implicar un trato deshumanizado de sus pacientes, viéndolos como cifras, perdiendo el contacto humano, posponen el contacto, no les miran a los ojos, pasan poco tiempo. Esto son formas de evitar sus propios sentimientos de dolor por estar expuesto al sufrimiento humano, que guarda relación con la traumatización.

Lo profesionales de la salud están expuestos de manera acumulativa a situaciones traumáticas, que generan miedo. Ante el miedo, la persona puede estar en shock, confusa, desorganizada, estresada, muy activa, o congelada. Pero estas situaciones tienen un alto impacto emocional, y lo que se haga con ello puede ser determinante para desarrollar estrés post traumático.

Ese impacto tiene que ver con que pueden sentirse solos, impotentes, derrotados, demasiado pequeños para cambiar esta realidad, con una voz interior que les obliga a seguir pase lo que pase, con la necesidad de llorar y pedir un hombro en el que apoyarse sin poder a penas verbalizarlo, sin energías, con la memoria poco clara, como replegados y hacia dentro.

La experiencia de deshumanizar el dolor y sufrimiento humano conduce a la despersonalización propia y la deshumanización de los pacientes. Es decir, la desconexión con las emociones de dolor, que en el fondo nos informan de la realidad que estamos viviendo. Cuando esto es evitado y queda encapsulado, impide nuestro funcionamiento psicológico normal porque la vivencia no se ha procesado, no se aprende ella o se transforma, se queda encapsulada y aparecen otros síntomas de estrés post traumático.

El trauma que podrán desarrollar dependerá de su nivel de implicación con los eventos adversos, el grado de control que hayan tenido para minimizar la amenaza, las pérdidas que hayan sufrido, los preavisos que pueden ayudarles a manejar la situación, y sobre todo; el grado de apoyo social durante y después del evento.

Además, se consideran eventos críticos para desarrollar un trauma el que haya niños implicados, daños graves durante los servicios, la atención a muchas víctimas, si la víctima es un pariente o conocido, el  fracaso del propio trabajo después de notables esfuerzos, interés excesivo de los medios de comunicación, y llevar a cabo elecciones difíciles e importantes en periodos muy breves. Todo ello es un caldo de cultivo para desarrollar estrés post traumático.

Prevención de la traumatización por la crisis del coronavirus

Lo que previene la traumatización es el procesamiento emocional, es decir, poder tolerar y contactar con el dolor generado. Esto suele facilitarse mediante el apoyo social y la terapia.

En ese sentido, conectar con el dolor emocional implica poder verbalizar que necesitan permiso para parar, que a veces se les queda pequeña la situación, que necesitan llorar y ser apoyados, expresar su enfado, su cansancio, su tristeza, sus miedos, y obtener consuelo y una respuesta empática y comprensiva.

Es posible que no identifiquen sus necesidades, tratando de seguir a toda costa y no pidiendo apoyo, pero sentirán un malestar indiferenciado. Están en un momento donde son considerados héroes, “y los héroes no se rinden”, pero esto puede impedirles mostrarse vulnerables, y todas las personas somos vulnerables.

Por eso es importante expresar lo que hay detrás para poder aceptar esos sentimientos, lo que previene de la traumatización, y pedir lo que necesitan: parar, llorar, gritar, pedir unos brazos, protestar, expresar frustración, buscar apoyo, expresar su miedo.

Algunas recomendaciones breves son las siguientes:

Fuente: psicologiamadrid.es